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sábado, 16 de noviembre de 2013

México 5 - 1 Nueva Zelanda

México con un pie en Brasil-

Con goleada de 5-1 a Nueva Zelanda, el Tri toma ventaja clave para el juego de vuelta, en una cara totalmente distinta bajo el mando de Miguel Herrera

MÉXICO, D.F. (Rafael Ramos Villagrana).-- Un marcador con dos lecturas. Un 5-1 que parece salvoconducto para México a Brasil. Un 5-1 que parece epitafio para Nueva Zelanda.
Un México distinto. Un equipo con ritmo, intención, profundidad, contundencia, pese a que los primeros 30 minutos se veía agitado, nervioso, precipitado.Cinco a uno que estremeció al atiborrado Estadio Azteca, porque a final de cuentas, por el momento, sepultó al cadáver viviente de la administración anterior, con un equipo que respondió a su presente; un equipo base, con jugadores relevantes del León, y con un demoledor, implacable, guerrero llegado de Torreón con Oribe Peralta.Jornada de destacados, con el peso evidente del americanismo, sin dejar de lado a un Rafa Márquez que cazó varias veces en sorpresa con sus pases medidos y letales a la zona de acribillamiento.Cierto, el adversario fue Nueva Zelanda. Lejos de las páginas donde cotizan las potencias, pero al final, el destino se congració con el Tri en el purgatorio dramática del repechaje.Ahora, con ese 5-1, el Tri tiene dos obligaciones en Wellington; firmar el acta de defunción de los neozelandeses y ratificar el visado a Brasil. PRECIPITACIÓN BAJO PENA...México siguió la rutina marcada por el Piojo Herrera. Tocar, rotar, penetrar, centrar, acosar. Pero olvidó el código primario del mensaje: paciencia, temple, sosiego, serenidad.Y su perseverancia se tragó la calma. Miguel Herrera había adelantado el mapa de su ideología. Y Montes y Gullit se encajaban en relevos, con Layún y Aguilar apoyándose en los respaldos de paredes de Jiménez y Oribe Peralta, entre el laberinto neozelandés.Se plantan en rutina de fusilamiento los mexicanos: Gullit, Montes, Jiménez, Oribe, Aguilar, en ocasiones con balones largos, perfectos, al pecho del fusilero y en plenas diagonales de los All Whites. Pero con la escopeta cargada, a los mexicanos les temblaba el empeine como reflejo de almas trémulas de nerviosismo, aún con la presa neozelandesa sujeta en su propio patio de sacrificios.En el dominio, la respuesta de los oceánicos es compulsiva. Zapatazos a la aventura del mano a mano de cualquiera de sus velocistas, pero los relevos mexicanos, ganan por mayoría, culminando apenas con un par de centros y un par de disparos desviados.Pero la Ley de Posibilidades y Probabilidades terminaría siendo condescendiente con México. Ocurre al '31. Montes por derecha sirve al área, Oribe Peralta se tira un clavado. La pelota queda a la deriva y Paul Aguilar, dentro de su impresionante recorrido en la cancha, se encuentra con el regalo abandonado, y lo viste con el ajuar magnífico del gol, para la ceremonia de ilusión y esperanza de la afición mexicana que estremece el Estadio Azteca, al soñar que Brasil 2014 está por primera vez cerca, luego de un Hexagonal de pesadillas.Nueva Zelanda no cambia, no reacción. Acaso acusa apenas dispersión por el castigo. México toma confianza. El 1-0 es la inyección de nembutal que necesitaba a ese paroxismo histérico por golear sin hacer el primero.Y hay más posibilidades de gol, incluyendo un híbrido extraterrestre, cuando Raúl Jiménez intenta rematar con algo que quiso ser un escorpión, que pudo ser un resbalón, pero que era reflejo de que donde hubo angustia, se recuperaba la confianza.Ocho minutos y empezaron lo sismos y los cismas. Porque el Estadio Azteca sufría de epilepsias extremas con el 2-0. El hombre que rebuscaba lujos y el Premio Ferenc Puskas 2014 con remates complejos, termina haciendo el 2-0 con garra, rudimentariamente, peor igual su tribuna se lo agradece.Cobro de esquina. Cabezazo de Gullit. La prolongación llega a la zona confusa de los confundidos kiwis. Se atoran sus torres. Entre ellas se lanza un kamikaze, Raúl Jiménez, estirando el pescuezo, alargando el exoesqueleto de su rabia y ansiedad, y conectando el frentazo. Lo que vino después, reclamaba más atención en el vestidor de México que en el vestidor de Nueva Zelanda. Porque para entonces, México se sentía El Hobbit aniquilando Gollums neozelandeses. Desdén, arrogancia, exceso de confianza en los remates a gol, porque ya cada quien pretendía clavar la lanza a la bestia herida, cuando era un cocinado a fuego lento.Y al reposo. 2-0 marca la tregua. México con un 83 por ciento de posesión. Pero la historia aguarda. Al regresar a la cancha, los neozelandeses tratan de alimentarse de esperanza. Se palmean, se gritan con los puños cerrados. Su rebeldía es aniquilada brutalmente dos minutos después.Un pase de 70 metros de Rafa Márquez. Joe Montana de verde encuentra en zona de diagonales a Miguel Layún. Recibe, apacigua, deja rodar la pelota y se cita en el esófago de Nueva Zelanda. Y aparece Oribe Peralta. Quien hace lo más fácil, que otros, con el Tri, han hecho tan difícil: empujar la pelota. 3-0.El efecto de tal ventaja en el marcador es diametralmente opuesto a lo previsto. Nueva Zelanda se rebela al flagelo y México concede espacios.Miguel Herrera no duda. Ingresa a Sinha por Montes y a Escoboza por Gullit. Decisiones sabias y oportunas. Y recupera el control y prolonga el dominio.México haría el cuarto a los 80. De nuevo Layún, a fondo por izquierda, y de nuevo se cita a ciegas con Oribe Peralta. El cabezazo es impecable para el 4-0. Y el 5-0 es cortesía de Rafa Márquez, sorprendiendo en remate de cabeza a la ya desangelada defensiva de Nueva Zelanda.Los oceánicos encuentran un atenuante para su dolor. Lo hacen al 86, en un error de la defensa mexicana, con un remate de media tijera de James, la pelota llega arrastrándose al poste derecho de Muñoz y tuerce el camino dramáticamente hacia adentro. 5-1.El epitafio, pues, viaja ya a la tierra del Hobbit. Los sueños rebeldes de los Gollums blancos, han muerto.

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